Nos vemos en Cuba

Con mi inocencia de niña atenta la escuchaba. Ella hizo que mis tardes -después del colegio- sean más amenas. Con su tono llenaba mi habitación de sabor y así las horas pasaban hasta que mi papá llegaba y después mi mamá.
Waldo de los Ríos o algún ballenato sonaban de fondo cuando hacía la tarea o cuando me tiraba en la cama a descansar.
Algunos años después me desayuné que ella era él y que él eran todos ellos.
Mi familia imaginaria se había agrandado. Y como en toda familia, había algunos miembros que no me gustaban para nada.
Ayer en la radio no estaba. Hoy pasó por la esquina de mi trabajo rodeado de flores.
Entonces como la negación es el mejor de los recursos para no sufrir, estoy convencida de que la voy a encontrar a Milagros por alguna calle de Cuba, Puerto Rico o Miami tomando un licuado con Sabino y Palito puteando a Fidel y a las viejas que les dan de comer a los gatos.
Gracias por mis risas.



